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DE VILLAFRANCA DEL BIERZO A O CEBREIRO, 17 DE JULIO DE 1998
Salida de Villafranca a las 6,30 horas. Han cogido un camino que
está cruzando el puente, frente al ultramarinos y comienza
una ascensión muy fuerte. A unos 100 metros, en la parte
izquierda del camino y pintado con pintura amarilla se avisa ascensión
fortísima, sólo para personas muy en forma. Y efectivamente,
son tres kilómetros de ascensión sin respiro que los
caballos suben sin apenas romper a sudar. Adelantan a un grupo de
andaluzas que les piden agua con desesperación porque las
pocas fuentes que hay están secas. Les dan su agua y más
arriba se encuentran con otro grupo con el mismo problema, que les
piden agua desesperadamente y a los cuales no pueden ayudar. Mantienen
la altura mientras se acercan a Galicia. Al atravesar un bosque
de castaños se encuentran una pastora con su rebaño
de vacas y ovejas. Conversan con ella, se extiende en explicarles
su dura vida y se despiden conversando sobre una España que
existe y de la que por fortuna ya no recordamos en nuestro ambiente.
Descienden a Trabadelo donde se juntan los dos caminos. Siguen por
el valle hasta Portela dónde almuerzan; nos encontramos allí
con ellos. El camino sigue hasta La Faba, por la antigua nacional
6, atravesando unas aldeas dónde todavía utilizan
la hoz y la guadaña, y los fardos de mies se atan a mano,
como en la España de la posguerra. No tienen empacadoras
ni nada que se les parezca. Cuando el camino se introduce en La
Faba comienza una durísima ascensión hasta O Cebreiro,
acompañada por un sol de justicia. Los dos últimos
kilómetros de Michel los sube andando al haber perdido Titus
una herradura. Se vuelven a acordar de Antonio González ¡quién
lo tuviese allí!.
Van directamente al albergue porque hay tres cuadras y se las juegan
a los chinos. Floren cede su cuadra pero como Arat no quiere entrar
después de haber estado dentro de la primera, ya es candidato
para quedarse a la intemperie. Las cuadras son de 4 metros de larga
por 1,5 de anchas (enseguida nos acordamos del arquitecto que diseñó
el albergue) ¿Sabría este buen hombre lo qué
es un caballo? Las cuadras no tienen ni pesebre, ni bebederos, ni
cama alguna. Después de meter a Rocky se dan cuenta de que
el caballo no puede girarse en la cuadra y empieza a ponerse nervioso.
Tienen problemas para sacarlo hacia atrás: Después
de un buen rato consiguen sacarlo y deciden buscar otro sitio, prado,
árboles, otras cuadras... Lo que sea antes de aquello...
Tras conversar Ana con un paisano, (apodado "el navarro"),
éste le ofrece una cuadra lejos, en pronunciadísima
cuesta y en un enclave de dudosa seguridad. A cambio ofrecía
por la noche sacar a sus vacas para que alojásemos nuestros
caballos en unas cuadras sucias y húmedas, de poco fiar.
Se van de allí y los dejan atados a unos árboles que
han visto pegados al camino, junto a una especie de garaje que no
parece tener uso ya que en el suelo hay hierba y no hay huellas
de coches o tractores. Comemos y nos alojamos en Casa Carolo, la
palloza más antigua del pueblo. Conocemos a Mari que es del
Bierzo, su tía Teresa (la dueña) y la madre.
Después de pasear por la aldea se acercan al refugio para
dar una queja sobre la peligrosidad de las cuadras pero no hay nadie
supuestamente con responsabilidad al que transmitir la queja. Vuelven
a subir los caballos hasta la casa para que los pueda ver Mari porque
no la dejan salir. Ana hace la colada, María y yo la hemos
hecho por la mañana, los demás pasean y conversan
con la gente. Al atardecer, antes de cenar, mientras estamos junto
a los caballos aparece "el navarro" en plan borde, protestando
por el sitio dónde están los caballos, que van a ensuciar,
que van a dejar mal olor en el campo, que él ya les había
ofrecido el sitio, que están haciendo lo que les da la gana...
No se le puede hacer entrar en razón y se marcha derrapando
con su coche. Nos quedamos entres sorprendidos y mosqueados. Decidimos
hacer los más práctico; los caballos están
muy bien allí, no molestany nos vamos a cenar.
En casa Carolo nos han reservado una mesa junto al mirador y presenciamos
un atardecer precioso. A las once menos cuarto aún no se
ha puesto el sol del todo. Nos han preparado el chorizo que nos
regaló César, el amigo que hicimos en Molinaseca (León),
dueño de la fábrica de embutidos Frimols. Comemos
muy bien y después de cenar Ana y Floren se van a dormir
mientras nos quedamos un poco de tertulia con Teresa. Cuando conseguimos
despedirnos nos vamos a dormir y presenciamos el cielo más
estrellado que hemos visto nunca.
REFLEXIÓN FINAL
Este es el diario de una etapa que no hemos escrito juntos. Yo puedo
recordar un día gris, lluvioso, típicamente compostelano.
No sé a qué hora salieron del albergue de peregrinos,
ni si desayunaron o almorzaron en algún sitio. Me contaron
que en estas cuadras los caballos pasaron una buena noche, así
como los demás en el hotel O Pino. He visto unas fotos en
el Monte del Gozo lloviendo, con niebla, no se sabe de qué
mes del año se trata, allí están los cuatro
bajo las capas o el impermeable. Me consta que alguien se emocionó,
ya se ve el final. La bajada por el puente sobre la autovía
hacia el barrio de San Lázaro se hace dura entre la lluvia,
el intenso tráfico y el casi inexistente arcén. Atraviesan
las resbaladizas calles de Santiago hasta llegar a la Plaza del
Obradoiro donde les estamos esperando bajo el segundo arco del Palacio
de Raxoy mirando desde el Obradoiro donde les estamos esperando
bajo el segundo arco del Palacio de Raxoy mirando desde el Obradoiro
a la derecha, tal y como habíamos quedado. Los que les esperamos
estamos emocionados, Lucía pregunta cuánto falta para
que lleguen, como si fuera la Cabalgata de los Reyes Magos. Como
la Policía Municipal advirtió que la parada fuese
breve y además por la persistente lluvia, se hacen las fotos
de rigor y bajan hacia el parking Juan XXIII donde hace un rato
que ya esperan Matías y Ángel Mari con el camión.
Quitan las sillas, Ana seca a Caoba con su jersey para que no se
enfríe y el primero en entrar en el camión es Arat
con un entusiasmo y una velocidad impropias en él. Detrás
van Rocky, Titus y Caoba. Meten en el camión cajas, sillas,
sudaderos, cubos, pienso, bolsas y demás bultos que hasta
hace unas horas ya parecían formar parte del equipamiento
del coche ¡qué vacío se ve ahora! Juan P. ha
llegado con sus botas viejas hasta aquí y ahora tiene dudas
de qué hacer con ellas, si lanzarlas al aire en el Monte
del Gozo o llevarlas a casa para enmarcarlas. Ya se reciben las
primeras llamadas para ver si han llegado a Santiago. Ahora sólo
queda solicitar la Compostela en la Casa del Deán y el resto
ya es algo muy personal. Está el abrazo al Santo, la visita
a la cripta donde según la tradición están
sus restos, la Misa del Peregrino que por cierto concelebra el sacerdote
italiano que hemos ido saludando en las distintas etapas, un abrazo
de hermandad con algunos de los peregrinos que hemos conocido o
la reflexión personal de cada uno. El verdadero diario de
ésta etapa yo creo que debe ser personal.
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